domingo, 1 de noviembre de 2009

Es oficial, los fantasmas están hechos de mocos y pipí

Para el habitante de Nueva York, París o Londres,

la muerte es la palabra que jamás se pronuncia

porque quema los labios.


El mexicano, en cambio,

la frecuenta, la burla, la acaricia,

duerme con ella, la festeja,

es uno de sus juguetes favoritos

y su amor más permanente.


Octavio Paz

El Laberinto de la Soledad, 1961

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